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Me volvía loca verla y sentirla, pero de pronto paró y me dijo "ahora vas a sentir el verdadero placer", y fue cuando separó mis piernas y sus dedos se apoderaron de mi almeja. Ella empezó a entrar y salir, a lo cual respondí con movimientos que eran casi inconscientes e involuntarios. De repente vi que se inclinaba más y empecé a sentir su lengua lamiéndome de una forma muy deliciosa y especial. Su lengua subía, bajaba, entraba y salía, y yo lo único que podía hacer era gemir y temblar, mientras JL nos observaba con mucha excitación. Él decidió participar de la fiesta y empezó a chuparme los senos. En ese momento sentí que terminaba de perder el control de mí misma y me volvía loca de placer. Norma se hizo de mi clítoris y comenzó a lamerlo y a chuparlo, lo que hizo que tuviera un orgasmo y me corriera en su cara. Se levantó y me besó mientras sus dedos volvían a entrar y salir de mi concha.

El sabor y el olor de mis propios jugos no hicieron más que excitarme muchísimo más y fue cuando decidí que ya era hora de pasar yo a la acción. Los senos de Norma eran como los míos: pequeños, redondos y paraditos... En pocas palabras me parecían bellos y muy provocativos. Empecé besándolos, pero (tal vez por mi falta de experiencia en ese entonces) comencé a comérmelos y a chuparlos con un gran frenesí que parecía una loca. Nunca imaginé que se sintiera tan delicioso tener en la boca el pezón erecto y duro de otra mujer y sentirlo con la lengua. Mientras, JL me observaba muy de cerca, para no perderse de ningún detalle (como me confesó después). Su cara había perdido los rastros de ternura, y ahora reflejaban puro placer y excitación.

Habría podido pasar toda la vida así, pero Norma me pidió a gritos algo que en realidad me daba temor y había creído que no iba a hacer... Norma me pedía a gritos que le comiera su almeja, que me la cogiera toda. Al principio dudé un poco en hacerlo, pero en medio del placer me atreví. Me agaché, pero lo primero que hice fue besarle las piernas (que es algo que me gusta que me hagan a mí). Ella volvió a pedirme que me la comiera, por lo que acerqué mi cara a su concha, aparté los bellos y la besé como si besara los labios de su boca. Al principio sentí un poco de nauseas, pero el olor a sexo húmedo me hizo reponer y me volvió a excitar. Además JL había comenzado a comerme mi concha de la forma en que me gustaba que él lo hiciera. Eso fue lo que me ayudó a animarme y cuando menos lo pensaba mi lengua estaba lamiendo la cuquita húmeda y roja de otra mujer. Fue en ese momento que completé mi viaje hacia la total bisexualidad. Había tenido fantasías con Norma, pero en ellas solo estábamos juntas, besándonos y acariciándonos. Jamás imaginé en forma realmente seria que llegaría a comer del manjar de otra mujer. Y debo decirles que es lo más delicioso que he probado en mi vida.

Con mi lengua seguía lamiendo el sexo de Norma, mientras JL se levantó y nuevamente se puso a observarme detalladamente. Después decidí experimentar otras cosas, como penetrarla con mi lengua y chupar y lamer su clítoris. Cuando empecé a chuparle el clítoris noté que ella comenzaba a temblar y a moverse y sus gemidos aumentaban, por lo cual empecé a hacerlo más fuerte y seguido hasta que después de un rato ella se corrió. El beber sus jugos fue algo extraordinario y sentí como que saciaba mi sed.

Ambas nos incorporamos y ella me pidió que le diera una mamada a JL, lo cuál hice inmediatamente. Él estaba muy excitado y estaba a punto de reventar. Comencé besándole el pene y luego me lo metí en la boca. JL empezó a gemir cuando yo empecé a darle una mamada que creo que jamás se la había dado así. Era como una especie de recompensa (según sus propias palabras) por haberme permitido cumplir mi fantasía. Para sorpresa mía, Norma se había puesto de rodillas y estaba chupándome la cuquita y el culo. De repente sentí como sus dedos me penetraban por el culo de una manera firme. Eso hizo que me excitara mucho más, lo que a su vez hizo que acelerara mis movimientos de boca y mano en el pene de JL. Después de un rato, cuando ya ninguno aguantaba más tanta excitación, él vació su leche en mi boca y en mi cara. Jamás había disfrutado tanto mamarle el pene a un hombre, como en esa ocasión mientras Norma me cogía por el culo con sus dedos. Ella se incorporó y empezó a lamer de mi cara toda la leche de JL mientras nos besábamos.

Así estuvimos muchas horas los tres juntos, haciendo el amor entre los tres. Mientras estábamos descansando (totalmente desnudos) nos pusimos a hablar y Norma preguntó si alguna vez me habían penetrado de manera doble, por delante y por detrás al mismo tiempo, a lo cuál contesté que no. Ella sugirió que lo hiciéramos y nos mostró un pene artificial con correas, como el que usan las lesbianas. Debo confesar que al principio me horroricé por el tamaño de aquella cosa y me negué a hacerlo, aunque en realidad mi negativa no fue muy contundente y convincente. Les dije que nunca había tenido sexo anal y que no me parecía, pero una vez más JL fue muy convincente y persuasivo y me animó a hacerlo. Llegamos al acuerdo de que primero yo me cogería a Norma y luego (si yo lo consideraba apropiado) ella me lo haría a mí.

Me puse el aparato y Norma se arrodilló frente a mí para chuparlo. El estar en esa posición, dominante, y ver una mamada desde la perspectiva de un hombre, fue algo muy divertido e interesante. Ella le pidió a JL que se recostara en el sillón y se puso de rodillas frente a él. Lugo levantó el culito y me dijo "¡penétrame, cógeme que soy toda tuya!". La verdad es que no sabía que hacer, así que empecé a meterle el aparato suavemente, pero para sorpresa mía entraba muy bien en aquel hueco que ya había sido explorado. Mientras tanto ella le mamaba el pene a JL, quién no tardó en apartarla y levantarse para poder ver como me la cogía. Yo me movía igual a como lo hacía JL conmigo cuando él me cogía por delante, y a la vez metí mis dedos en la cuquita de Norma, que gemía y gritaba de placer. Así estuvimos un buen rato hasta que JL me dijo: "Caro es tu turno"...

Norma se incorporó y me quitó el pene de plástico, se lo puso y me dijo que me sentara sobre ella mirándola de frente. Me metió el pene en mi cuquita y empezó a cogerme suavemente, mientras JL me lamía los senos. Yo empecé a gemir mientras empezaba a subir y bajar al ritmo de las embestidas de Norma. Fue algo maravilloso. Me cogió duro durante bastante rato, lo cual me tenía al borde de un estallido. Hubo un momento en el que pensé en todo lo que había pasado y estaba pasando, en mis padres, mis amigos y amigas, en lo que dirían si me vieran, y hasta me dije: "Dios mío ¿qué estoy haciendo?. ¡Carolina te volviste loca!", pero la excitación y el placer eran tantos que me respondí: "¡Nada!, esto te está gustando muchísimo y nada más". Norma paró y me pidió que me pusiera boca abajo y levantara la colita, lo que hice de forma inmediata, pues quería experimentar que se sentía. Ella también me metió su pene de plástico muy suavemente, ya que todavía era virgen por el culo. Al principio me dolió mucho y grité de dolor. Se me salieron las lágrimas y le pedí que parara que ya no quería, pero ella (gracias a Dios) no me hizo caso y siguió. Ya cuando estaba totalmente dentro de mí, empezó a moverse y comencé a sentir una mezcla de placer y dolor, que hacían que cada vez me excitara más. Tengo que confesar que, aunque siempre disfruté que JL me cogiera, el nunca me había cogido tan duro y sabroso como lo estaba haciendo Norma en ese momento. Lo hizo durante un largo rato, hasta que dijo: "Ahora te lo vamos a hacer JL y yo al mismo tiempo"...

Estaba tan fuera de mí, que no protesté ni me negué, si no que me entregué al placer. Ella me pidió que me pusiera frente a JL y este me empezó a coger por mi cuquita. De pronto otra vez sentí el pene de Norma en mi culo, pero esta vez había entrado con mucha más fuerza y violencia, por lo que grité. Sin darme cuenta en realidad, me había convertido en el objeto de placer de esos dos seres: un hombre y una mujer... Ambos se estaban moviendo al mismo ritmo. Entraban y salían de mí al mismo ritmo, mientras que yo también había empezado a moverme de manera totalmente involuntaria... Jamás me había sentido así. Creí que iba a morir de placer. Empecé a gemir muy fuerte, y de repente me di cuenta que estaba gritándoles que me cogieran, que me cogieran fuerte y duro.

Luego descansamos. Norma y yo hicimos el sesenta y nueve, le comí la cuquita y le chupé las tetas varias veces en la tarde. Los tres hicimos el amor hasta la tarde, antes de que llegara la madre de Norma. Nunca en mi vida había tenido una experiencia tan fantástica como esa y creo que jamás se va a repetir, porque esa fue mi primera vez con otra mujer y la atesoro como unos de los momentos más felices de mi vida. Los tres volvimos a estar juntos al día siguiente y en muchísimas otras ocasiones. También Norma y yo lo hicimos muchas veces las dos solas y otras tantas ella, su novio y yo. Aunque JL y yo terminamos hace varios años, le estoy muy agradecida por haberme enseñado tanto y haber hecho que asumiera y aceptara mi bisexualidad. Gracias a él no soy una mujer frustrada. Gracias a él soy una mujer bisexual feliz.

 

 

 

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